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2010-08-23
La reforma fiscal integral no se presentará de manera directa para el contribuyente, se dará tras bambalinas, es decir, en la coordinación fiscal, al pugnar por una distribución de los ingresos diferente a las actuales.
Los estados han manifestado en diferentes momentos que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) que comanda Ernesto Cordero Arroyo no tiene las mejor de las relaciones con las entidades de la Federación, descontento causado por la entrega de los dineros que consideran no es en el tiempo ni en la cantidad adecuada.
En diferentes momentos legisladores y gobernadores de los principales signos políticos (PAN, PRI y PRD) han manifestado que los ingresos son insuficientes y que se debe cambiar la coordinación fiscal centralista a una autónoma, es decir, en la que cada gobierno estatal sea capaz de cobrar sus impuestos para dejar atrás las dádivas del gobierno federal.
Hasta el momento se han realizado actividades para platicar cómo deben actualizarse las participaciones federales participables que reciben los estados de nuestro país.
Y sin duda esto tendrá que cambiar en el corto y mediano plazo, pues para el 2012 la tenencia ya no será un impuesto federal y por allí comenzará la transformación de la hacienda estatal, por el momento algunos por sus compromisos bursátiles han logrado que ese recurso provenga de la Federación, quien lo eliminó.
Con este escenario queda un camino harto interesante para ver cómo se logra esa transformación y si se obtienen los recursos de la Federación o se implanta un impuesto local.
Pero aún así, la reforma fiscal integral queda pendiente para lograr un sistema tributario más equitativo y equilibrado para el contribuyente. Hasta el momento el aparato gubernamental y los partidos políticos le siguen dando la vuelta a esta transformación, no se sale del discurso de finanzas públicas sólidas menos dependientes de los recursos petroleros.
La tarea difícil de convencer a los grandes capitales y al contribuyente de que sus impuestos serán bien utilizados con una transparencia transparente sigue aguardando el momento en que los recursos petroleros se agoten.
La tarea de forjar una nación próspera e incluyente sigue en el tintero, sólo se toman decisiones coyunturales; los mexicanos no sabemos que papel tendremos en el concierto internacional dentro de 25 o 50 años, mientras que otras naciones como China tienen en la mira ser la principal potencia en el comercio internacional.
La salud de la nación sigue en el vilo de la coyuntura, sin reformas estructurales justas e incluyentes. Seguimos en el viejo esquema de ap0apachar a los poderosos, mientras que las grandes mayorías siguen a la espera de mejores servicios y gobiernos de calidad.
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