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2008-08-18
Nuevamente se destapó la idea de que en México debe haber una verdadera reforma fiscal, y no andar creando impuestos complementarios que nada mas dificultan la tarea del cálculo impositivo al aplicar los créditos y hacer comparativos y ver qué deducciones aplican a cada impuesto para crear la base sobre la cual habrá de pagar el contribuyente sus impuestos a la Federación.
Legisladores y analistas coinciden en que se debe atender a una realidad tributaria, incrementar la recaudación, pero desde un punto de vista progresivo, en la que paguen más los que más tienen. Se deben disminuir paulatinamente los gastos fiscales de la Federación que actualmente son unos 700 mil millones que dejan de ingresar a las arcas nacionales para que los sectores impulsen el desarrollo económico, lo cual a la fecha no ha sido.
El empleo en los últimos años no ha crecido, y por el contrario la informalidad sigue cada vez más ganando terreno en el Producto Interno Bruto, y por consiguiente, menos contribuciones para que el gobierno federal pueda atender la problemática social.
Para ello se necesita que cambie el modelo económico de nuestro, en el que las polarizaciones económicas no sean tan abismales como lo muestra la concentración de la riqueza del 40 por ciento en el X decil.
Se pide que todos los sectores cooperen con la misma capacidad contributiva que generan la riqueza. El sector minero tiene un pago de derechos que genera grandes riquezas y bajas aportaciones al fisco federal. Una situación similar pasa en la industria de la venta de refrescos, cerveza, y agua que venden sus productos hasta 5 mil veces más de lo que pagan por el principal insumo: agua.
Como se ve la situación son los privilegios fiscales y de negocio que se han generado a lo largo del desarrollo del México contemporáneo, si en verdad se quiere avanzar en el desarrollo de México se tienen que ir eliminando estas diferencias y apostarle más al capital humano: educación y seguridad social.
Un país como Irlanda, que se dio a la tarea de reconstruir sus estructuras y su pensamiento político, hoy día se convierte en uno de los ejemplos a seguir, pero México sigue atrapado en sus viejas prácticas: no ponerse de acuerdo para contar con una solución y un proyecto nacional con objetivos claros para elevar la calidad de vida del mexicano.
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